Salvador Loria

 

Filósofo, profesor universitario y conferenciante. Perteneciente a la masonería española. Abuelo de Hortensia

 

“…el comportamiento moral de los hombres me resulta cada día más complicado de entender…”

 

Ante todo deseo dar las gracias a todos por estar leyendo estas palabras. La autora me ha encomendado una tarea que no me resulta nada fácil, quiere que hable de mi vida y de la vida de mi nieta.

Mi vida ha sido siempre una vida dedicada al estudio de una pequeña parte de la filosofía: la Ética. Y después de tantos años sólo puedo decir que el comportamiento moral de los hombres me resulta cada día más complicado de entender; sobre todo, cuando se trata de Ética, Justicia y Equidad.

Pero este no es el lugar para hablar de ética, sino para contar algo de mi vida y como iba diciendo ha sido una vida dedicada al estudio, la enseñanza y la familia, además de a la masonería. Ser masón es una forma de vivir de acuerdo a unos principios éticos y humanísticos, es un camino, y una metodología para ayudar a seguir ese camino de tolerancia, respeto y honestidad.

Mi vida siempre ha estado guiada por dos reglas, la primera: “haz a los demás todo el bien que tú quisieras que te hicieran a ti” y la segunda: “lo que decidas hacer, hazlo bien”.

Este es el resumen de mi vida y estas las reglas que desde el principio he procurado enseñar a mi hija Mariana y a mi nieta Hortensia. En el caso de Mariana he de decir que su vida, a pesar de estar tan alejada conceptualmente de la de su madre y de la mía, se ha guiado en todo momento por estas reglas. En el caso de Hortensia debo reconocer que aunque aplica a rajatabla la segunda regla, tengo mis dudas sobre la primera.

Hortensia es hija de estos tiempos: el hedonismo y el egoísmo están muy presentes en nuestra actual sociedad, y ella, como la mayoría de los jóvenes, no se muestra interesada en hacer el bien, más allá de hacerlo a la gente más cercana que la rodea. También muestra una atracción hacia la violencia física que me tiene preocupado. Entiendo que es un rasgo familiar heredado de la rama paterna, pero me gustaría que en lugar de tantos entrenamientos violentos dejase salir su parte cariñosa y afectiva, que yo sé que la tiene, pero que no se atreve a mostrar.

A pesar de sus defectos o quizás precisamente por ellos, Hortensia es “la niña de mis ojos”, mi única nieta, por la que profeso un amor tan absoluto que no encuentro palabras para poder definirlo. Hace un año sufrió una depresión muy fuerte que nos asusto a todos, pero ahora se la vuelve a ver feliz y ríe a cada momento. Parece que por fin ha encontrado el amor y que es correspondida.

Os invito a que nos acompañéis a través de la novela para ver en qué queda ese amor y si conseguirá no volver a sentirse sola nunca más.

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