Onésimo Salazar

General retirado del cuerpo de Artillería, patriarca de la familia Salazar y conocido como “el Artillero”

 “… hay algo que nunca cambiará: la condición humana. Ninguna generación estará jamás a salvo de la ambición y la corrupción.”

 

La autora se ha empeñado en que escriba aquí sobre mi vida y la vida de mi nieta Hortensia. Para hablar de nuestras vidas es necesario hacer referencia a nuestra saga familiar: los Salazar. Una familia a la que me ha tocado guiar por ser el mayor de mis hermanos, como antes le tocó a mi padre y al padre de mi padre, y así puedo remontarme a muchas generaciones atrás. Nuestra familia ha vivido siempre por y para la defensa de nuestra patria, aunque en ocasiones haya sido complicado saber cuál era esa patria.

Los hombres necesitan a los ejércitos aunque haya hombres que no lo crean. Sólo hay que estudiar historia para darse cuenta de que ninguna nueva generación ha aprendido nada de la generación anterior. Solo la presencia de hombres armados y adiestrados para la lucha pone freno a la violencia entre los hombres. A veces ni siquiera un ejército dispuesto a luchar sirve para que el afán expansionista y la megalomanía de unos pocos pueda ser frenado, es entonces cuando la guerra lo destruye todo.

Nosotros, los militares, no solo somos necesarios sino que somos imprescindibles, lo hemos sido siempre y lo seguiremos siendo. Todo conocéis el adagio Si vis pacem, para bellum, proviene del Epitoma rei militaris, de Flavio Vegecio, que es de finales del siglo IV y cuya traducción les dejo aquí: «Así pues, el que desee la paz, que se prepare para la guerra. Quien quiera conseguir la victoria, que entrene a sus soldados con diligencia. Quien aspire al éxito que luche con estrategia, y no lo deje al azar. Nadie se atreve a provocar u ofender a quien ve como superior en el combate».

Mucho antes, en el siglo V antes de Cristo, Platón ya escribía sobre la necesidad de tener a hombres como nosotros para proteger a los demás, lo hacía en el Timeo o de la naturaleza (al final de estas palabras les pongo la traducción). Los Salazar somos de esos hombres y mujeres que describe Platón y nos preparamos desde nuestro nacimiento para ello.

Dicen de mí que soy un machista trasnochado, pero yo solo creo que por lo general la mujer no está preparada para defenderse sola y que la obligación del hombre es protegerla y cuidarla. No es el caso de la última generación de nuestra familia, ahora la mujer puede acceder al ejército y las mujeres de la familia Salazar y de otras muchas familia de tradición militar pueden desarrollar todo su potencial genético y ser tan buenos soldados como los hombres. Estoy muy orgulloso de todas ellas.

Mi nieta hortensia es de las pocas que no han seguido la tradición familiar, pero es tan fuerte y está tan preparada como cualquiera de nosotros. En la familia Salazar cada cual tiene la obligación de llegar al máximo nivel posible. Es esa obligación la que nos ha permitido sobrevivir y aumentar nuestros miembros generación tras generación. El mundo y sus costumbres van cambiando, pero hay algo que nunca cambiará: la condición humana. Ninguna generación estará jamás a salvo de la ambición y la corrupción. Eso sí, la familia Salazar siempre estará preparada para defenderse y sobrevivir, y, sobre todo, para contraatacar.

Podéis comprobarlo leyendo la novela

La traducción prometida:
“Timeo o De la naturaleza” de Platón
(Diálogo socrático)
“…SÓCRATES.- Así lo haré. Tengo la impresión de que lo principal del discurso que hice ayer acerca de la organización política fue cuál consideraba que sería la mejor y qué hombres le darían vida.
TIMEO.- Y a todos nos pareció que la habías descrito de una manera muy conforme a los principios de la razón.
SÓCRATES.- ¿No fue acaso nuestra primera medida separar en ella a los campesinos y a los otros artesanos del estamento de los que luchan en defensa de ellos?
TIMEO.- Sí.
SÓCRATES.- Y luego de asignar a cada uno una ocupación única para la que estaba naturalmente dotado, una única técnica, afirmamos que aquellos que tenían la misión de luchar por la comunidad deberían ser sólo guardianes de la ciudad, en el caso de que alguien de afuera o de adentro intentara dañarla, y que, mientras que a sus súbditos tenían que administrarles justicia con suavidad, ya que son por naturaleza sus amigos, era necesario que en las batallas fueran fieros con los enemigos que les salieran al paso.
TIMEO.- Efectivamente.
SÓCRATES.- Pues decíamos, creo, que la naturaleza del alma de los guardianes debía ser al mismo tiempo violenta y tranquila en grado excepcional para que pudieran llegar a ser correctamente suaves y fieros con unos y con otros.
TIMEO.- Sí.
SÓCRATES – ¿Y qué de la educación? ¿No decíamos que estaban educados en gimnasia y en música, y en todas las materias convenientes para ellos?
TIMEO.- Por cierto.
SÓCRATES.- Sí, y me parece que se sostuvo que los así educados no debían considerar como propios ni el oro ni la plata ni ninguna otra posesión, sino que, como fuerzas de policía, habían de recibir un salario por la guardia de aquellos a quienes preservaban -lo suficiente para gente prudente-, y gastarlo en común en una vida en la que compartían todo y se ocupaban exclusivamente de cultivar la excelencia, descargados de todas las otras actividades.
TIMEO.-También esto fue dicho así.
SÓCRATES.- Y, además, por lo que hace a las mujeres, hicimos mención de que debíamos adaptar a los hombres a aquellas que se les asemejaren y asignarles las mismas actividades que a ellos en la guerra y en todo otro ámbito de la vida.”

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