Nicolás Sotelo

 

Arquitecto especializado en espacios públicos y novio de Hortensia Salazar

 

“Hortensia es la antítesis de todo lo que siempre ha tenido valor para mí. No sabe lo que es la tranquilidad, el reposo, la armonía, el valor de una vida sencilla y sin sobresaltos…”

 

Siempre he sido muy tímido y además me educaron en la idea de que hablar de uno mismo era vulgar y de mala educación, por ello me resulta muy complicado cumplir el encargo de la autora de hablar de mi vida. Además, mi vida no tenía nada de destacable hasta que conocí a Hortensia. Era una vida tranquila, sólida, construida alrededor de mi trabajo y mi familia.

La arquitectura me apasiona y por eso desde que estaba en la facultad tuve claro que quería dedicarme al diseño de edificios públicos. La arquitectura pública, tanto civil como religiosa, ha dado al mundo obras de extraordinaria belleza y siempre me ha asombrado cómo los hombres han sido capaces de crear edificios increíbles.

Siempre pensé que había tenido mucha suerte en la vida. Incluso cuando la crisis se llevó por delante a la mayoría de los estudios de arquitectura, mi socio y yo parecía que estaríamos a salvo de ella, porque habíamos conseguido el encargo de diseñar un macroproyecto residencial que nos iba a mantener trabajando sin descanso hasta que la crisis de la construcción amainara. Sin embargo, nos equivocamos, y la empresa que nos contrató no era lo que parecía. Fue ese el problema que me llevó hasta Hortensia y fue ella la que hizo saltar por los aires todo lo que era mi vida hasta ese momento.

Teresa y mis dos hijos Guillermo y Antonio, eran mi refugio, el remanso de paz al que llegaba cada día después del estrés de un trabajo tan exigente como el mío, y yo era muy feliz con ellos.

Hortensia es la antítesis de todo lo que siempre ha tenido valor para mí. No sabe lo que es la tranquilidad, el reposo, la armonía, el valor de una vida sencilla y sin sobresaltos. Trabaja hasta la extenuación y cuando decide divertirse lo hace hasta el extremo. Es provocativa y alocada y tiene un gusto más que dudoso para la ropa. A pesar de todo esto me enamoré de ella como un estúpido colegial, sabiendo que era una locura sin ningún futuro.

Cuando mi mujer me exigió que eligiese entre las dos, lo tuve claro. Hortensia era una obsesión de la que tarde o temprano despertaría y no quedaría nada, tenía que terminar con esa locura, así que elegí quedarme con mi familia. Fue la decisión más estúpida que he tomado en la vida, porque desde el primer minuto eché de menos su alegría, su risa, su pasión por la vida, su ternura y su vulnerabilidad escondidas. Por eso no pude superar la separación de ella y mi vida dejo de tener sentido. Durante meses me convertí en un muerto viviente, hasta que decidí cortar con todo lo anterior y empezar desde cero.

Sé que le he hecho daño a mi familia, sobre todo a Teresa, y sólo espero que puedan perdonarme algún día, pero necesito vivir de nuevo y para poder hacerlo necesito tener a mi lado a Hortensia. Esta vez no estoy dispuesto a renunciar a ella por nada del mundo.

Hemos quedado para cenar esta noche, voy a presentársela a mis amigos y espero que todo vaya bien, os invito a acompañarme. Podéis hacerlo en la novela.

¿Quieres comprar la novela? ¡Hazlo desde aquí!

En papel o en digital ¡Tú eliges!

COMPRAR DODECAEDRO

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR