Josefina de la Torre

 

Catedrática de Derecho y representante internacional del movimiento feminista. Abuela de Hortensia

 

“¿qué hay más grande que la lucha por la libertad de las mujeres y por su empoderamiento en todo el mundo?”

 

Con la de cosas importantes que existen en el mundo de las que ocuparme no debería estar perdiendo el tiempo escribiendo sobre mi vida. Lo hago porque la autora fue alumna mía en la Universidad de Sevilla y además ha pasado varios años en el Consejo Social de esta universidad, así que no he podido negarme.

Siempre he entendido la vida como una lucha contra la desigualdad y no comprendo por qué no están todas las mujeres en perpetua rebelión contra un sistema político y social que las esclaviza de una u otra forma en cualquier parte del mundo.

He pasado ya los setenta años y he sido feminista y pacifista desde que puedo recordar. Por eso he dedicado toda mi vida a intentar que sean las mujeres las que tomen las riendas del poder político y económico. Estoy convencida de que lo haríamos mucho mejor que los hombres y que acabaríamos con la miseria y las guerras en las que siguen inmersos la mayoría de la población mundial.

El mayor disgusto de mi vida me lo dio mi hija Mariana al negarse a seguir mi camino y colocarse en las antípodas de todas mis creencias. Aún no he podido entender por qué ha desperdiciado su vida pintando cuentos y haciendo de “señora de”.

Mi nieta Hortensia tampoco quiere saber nada del feminismo y está malgastando su vida profesional, persiguiendo chorizos de poca monta, primero, y dando vueltas entre políticos estúpidos y/o corruptos, después. Está en un parlamento que se ha convertido en una fábrica de hacer leyes inútiles, mientras cada vez hay más violencia contra las mujeres y las minorías.

De la vida personal de Hortensia es mejor no hablar, su comportamiento durante muchos años ha sido más propio de un hombre machista, coleccionista de mujeres guapas y tontas, que de una mujer que ejerce su libertad con responsabilidad. Le han perdido siempre los machos alfa estúpidos y engreídos, aunque es forzoso reconocer que algo ha hecho bien: los ha usado y después los ha dejado, igual que hacen los hombres. En este tema ha logrado una igualdad absoluta encomiable. Pero tengo la certeza de que eso no la ha hecho feliz.

Tampoco enamorarse le ha traído la felicidad ni la estabilidad; todo lo contrario, ha despertado en ella la parte que hace a la mujer extremadamente vulnerable ante los hombres: la parte emocional más inestable. Desde hace un par de años Hortensia es una especie de montaña rusa emocional. Aunque en el último mes es posible que haya empezado a recuperar el control de su vida, o quizás no, es pronto para saberlo.

A mí lo único que me gustaría es que dejase de lado todos esos temas absurdos y me ayudase a seguir con la tarea de conseguir la igualdad de derechos para las mujeres. Los años empiezan a pesarme y, quién sabe, puede que por primera vez mi consuegra María de las Angustias tenga razón y Hortensia esté destinada a hacer algo grande su vida. Y yo me pregunto: ¿qué hay más grande que la lucha por la libertad de las mujeres y por su empoderamiento en todo el mundo?

Hasta aquí ha llegado mi tiempo para esta tarea, si algunos queréis saber más de Hortensia tendréis que leer la novela, yo no puedo entretenerme más.

¿Quieres comprar la novela? ¡Hazlo desde aquí!

En papel o en digital ¡Tú eliges!

COMPRAR DODECAEDRO

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR