Gaby Vidarte

 

Colaborador de Perdóname, el programa de entretenimiento más famoso de televisión, y amigo de la infancia de Hortensia

 

 “Nunca he sido más feliz que siendo “cotilla” de televisión, creo que he nacido para esto. Aunque todo acabó el día que me dispararon en la puerta del Congreso de los Diputados…”

 

Me ha pedido la autora que os cuente algo de mi vida y de la vida de mi amiga Hortensia y aquí estoy, teclado en mano.

Entre nosotros, Hortensia es un poco rara. Prefiere trabajar y trabajar a ir de compras o vaguear de playa en playa, que es lo que yo haría si fuese ella. Eso y estar todas las noches de marcha. Anda que si yo tuviese la pasta que tiene ella me iba a dedicar a soportar jefes. Claro que, pobrecita, en su familia no aguantan a los vagos y eso es mucha presión. Menudo es su abuelo Onésimo, los tiene a todos en un puño, y eso que los Salazar son un mogollón, pero nadie le tose al patriarca si sabe lo que le conviene.

Menos mal que conmigo Onésimo tiene cierta debilidad, yo creo que es porque siempre he ayudado en todo a Magu, mejor dicho María de las Angustias, la abuela de Hortensia.

Desde pequeño me atrajeron los poderes de María de las Angustias y siempre he procurado seguir sus pasos. Además, puedo dar fe de que la medicina vibracional que practica con los poliedros de cuarzo lo cura prácticamente todo.

María de las Angustias dice que Hortensia es un dodecaedro y que está predestinada a hacer algo muy grande, y si ella lo dice habrá que estar atentos porque seguro que pasará. Yo quiero estar ahí cuando llegue el momento. Si me lo pierdo me dará un infarto del disgusto.

Ains, ya me estoy dispersando, como me pasa siempre. En fin, os contaré algo más de mi vida. Estudié Derecho, como Hortensia. Aunque no coincidimos en el mismo curso porque ella pasó un año en la academia militar del aire. Una tontería que se le ocurrió por aquello de la tradición familiar, porque yo a Hortensia nunca la he visto de militar. Es demasiado cabezota e independiente y tiene la mala costumbre de meterse donde no la llaman. Pero vamos, que eso no importó para que nos pasásemos la carrera juntos. Lo mismo que pasamos juntos el colegio hasta que a sus padres les dio por meterla en un colegio de monjas para hacer el bachillerato. Menudo trauma pilló ella y pillé yo, no me quiero ni acordar.

Después de terminar la carrera, tuve la oportunidad de venirme a Madrid a un despacho de abogados muy importante y fue entonces cuando conocí a Chemita, mi primer novio oficial. No lo he dicho hasta ahora, pero soy gay, del tipo al que les gusta los excesos y hacer un alarde continuo de su condición sexual. Algo que no está bien visto en el mundo de la abogacía.

Resultó que Chemita era uno de los editores del famoso “Perdóname”, el mayor programa de “cotilleo” de todos los tiempos, y un día me presentó a Osvaldo, el productor ejecutivo del programa. A partir de ese momento cambió mi vida. Osvaldo me ofreció un puesto de colaborador en “Perdóname” y hasta hoy.

Nunca he sido más feliz que siendo “cotilla” de televisión, creo que he nacido para esto. Aunque todo acabó el día que me dispararon en la puerta del Congreso de los Diputados, cuando iba ver a Hortensia.

Ah, se me olvidaba, tenía que decir algo más de Hortensia.

Además de llevar toda la vida aguantando mis neuras, puedo decir de ella que es una persona estupenda, con la que siempre puedes contar. Y también que tiene un físico por el que yo mataría directamente. Claro que sería para matarla a ella si no tuviera un físico espectacular entrenando cuatro horas diarias todo tipo de deportes de contacto.

Un consejo: Ni se os ocurra enfadarla de verdad, es capaz de lanzar a un tío a cinco metros de distancia de una patada. ¡Por Dior y por Cocó! (Chanel, por supuesto) ¡No lo hagáis! Yo lo he visto y todavía tengo pesadillas. Cuando pelea es bruta, bruta, brutísima. A mí me encanta que esté de mi parte y, sobre todo, poder recorrer la noche madrileña con total tranquilidad a su lado.

Y ya no os cuento nada más, que no hay manera de pararme cuando me enrollo. Lo demás tendréis que descubrirlo leyendo la novela.

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