Cayetano Salazar

 

General de División del Ejército del Aire, destinado actualmente en Afganistan en el Mando Conjunto Internacional de la OTAN. Padre de Hortensia Salazar

 

“…lo más importante de todo es la protección de las personas a las que amamos.”

 

Es una misión difícil para un militar escribir algo que no sea un memorándum; sin embargo, tengo que hacerlo, puesto que la autora me ha pedido en que cuente algo sobre mi vida y la de mi hija en estas páginas.

Empezaré exponiendo que todas las experiencias que he vivido a lo largo de mi vida, y de mis desplazamientos por el mundo en las misiones internacionales de las fuerzas armadas españolas, me han servido para aprender una serie de cuestiones que paso a enumerar a continuación:

La primera, que da igual el grado de desarrollo de un país y de la educación de sus ciudadanos, ya que en los momentos de crisis son las pasiones y las emociones las que rigen el comportamiento de sus habitantes. Por eso estoy convencido de que los hombres nunca serán capaces de erradicar los conflictos y siempre serán necesarios los ejércitos.

La segunda, que la mayor preocupación de la mayoría de los mandos militares es conseguir que los políticos que los dirigen entiendan que los ejércitos sólo tienen la misión de proteger a la población de sus países y que deben quedar fuera de las peleas entre los partidos.

Y la tercera: lo más importante de todo es la protección de las personas a las que amamos.

Años de trabajo, estudio y esfuerzo me han llevado a general de división del Ejército del Aire y al puesto que ahora ocupo en el Mando Conjunto Internacional de la OTAN, pero para mí nunca ha habido, ni habrá, nada más importante que la familia.

Ahora debo contar algo de mi hija Hortensia. Es nuestra única hija y, lógicamente, es el centro de nuestra vida; no obstante, siempre hemos procurado alejarla de mimos y criarla como una más de una gran familia. En realidad no ha sido difícil, porque la familia Salazar es muy grande (soy el mayor de diez hermanos igual que lo es mi padre) y ella ha tenido que pelear siempre por no quedarse atrás.

Estoy muy orgulloso de Hortensia, porque es brillante desde el punto de vista intelectual y tan fuerte y preparada físicamente como cualquiera de los primos. Aunque debo reconocer que me decepcionó cuando abandonó la academia militar. Me hubiera gustado poder enseñarle lo que he aprendido a lo largo de estos años y que continuase con la tradición familiar.

Tampoco apruebo su falta de estabilidad en el terreno de las relaciones amorosas. Su madre y yo llevamos años invitando a jóvenes y prometedores militares a conocerla; sin embargo, ella los ha ido rechazando a todos. Además, tiene la absurda costumbre de cambiar de pareja cada poco tiempo y buscar dichas parejas entre hombres poco apropiados.

Estamos muy preocupados con la posibilidad de que no llegar a tener nietos. Hortensia es igual de cabezota que la madre de mi esposa y no acepta ningún tipo de interferencia familiar en este asunto, por lo que solo nos queda esperar a que un día ocurra un cambio en su comportamiento sentimental.

Al parecer el cambio ha empezado ya, pero habrá que esperar acontecimientos antes de albergar mayores esperanzas.

Con lo ya escrito doy por terminada la tarea encomendada por la autora. Aquellas personas interesadas en saber algo más de nuestra familia, encontrarán lo que buscan en la novela.

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