Adolfo Busquets

 

Presidente del Gobierno de España, amigo de la infancia de Cayetano Salazar y padrino de Hortensia

 

 “Siempre he pensado que, para un país, los efectos de una verdad sacada a la luz a destiempo pueden ser tan devastadores como una guerra…”

 

Desde pequeño me sentí atraído por el poder, entendido como la capacidad para conseguir que las cosas se hagan de una determinada manera. Por eso me gustaba ser el delegado de la clase y organizar grupos para todo.

También desde muy joven me di cuenta de que en los grupos humanos había una tendencia natural a expulsar de ellos a los mejores, intelectualmente hablando. La meritocracia en España era (y aún es) rechazada sistemáticamente y los más estudiosos y capacitados eran siempre expulsados del grupo por la mayoría. De esta forma la mediocridad se adueñaba de todo y esforzarse era un demérito en lugar de un mérito.

Estudiando filosofía en el Instituto llegué a la conclusión de que cuando la gente hablaba de igualdad, cada cual entendía una cosa distinta, y que cuando hablaban de justicia pasaba exactamente lo mismo. Lo justo era lo que a cada uno le beneficiaba más y la igualdad era que todos tuviesen lo mismo, aunque algunos no se esforzasen por ganarlo tenían el derecho a que los demás se lo diesen.

De todos los grandes valores que nos enseñaron, y que eran contrapuestos entre sí, yo me quedé con el de la libertad y el de la solidaridad: libertad para poder llegar a donde cada uno quiera con su esfuerzo y solidaridad para ayudar a los que no han podido llegar más lejos a pesar de todo su esfuerzo. Por eso soy demócrata-cristiano de toda la vida.

Me gusta la gente con grandes principios, pero no creo que haya que defenderlos por encima de cualquier otra cosa, ante todo soy posibilista. Soy un animal político y el posibilismo lo llevo en los genes. Esto viene a colación de lo que me ha pedido la autora. Quiere que también os cuente algo de mi ahijada, Hortensia Salazar.

Siempre he pensado que, para un país, los efectos de una verdad sacada a la luz a destiempo pueden ser tan devastadores como una guerra. Se puede destrozar la confianza de la gente en el sistema de tal manera que el caos se adueñe de todo.

Por eso cuando Hortensia dejó la fiscalía y se vino a Madrid yo me quedé más tranquilo. Entre los políticos se comentaba en voz baja (y, todo hay que decirlo, sin la más mínima prueba) que el sistema financiero estaba lleno de sociedades participadas corruptas y que muchos políticos y banqueros estaban metidos hasta las cejas en esa corrupción. Si lo que me contaba Hortensia era cierto, haberlo destapado en ese momento hubiese sido como el estallido de una bomba atómica en pleno corazón del sistema financiero. Todas las estructuras económicas del país hubieran saltado por los aires.

Mientras la corrupción financiera española no trascienda que creo que tendremos la posibilidad de evitar la intervención de la troika y el desastre económico absoluto. Si tengo que elegir entre hacer justicia, y que el pueblo sufra las consecuencias durante años, y no hacer justicia, y que podamos salir de este pozo cuanto antes, yo no tengo ninguna duda: elijo salir del pozo. Pero Hortensia es de otra pasta, cree en la Justicia más allá de cualquier otra cosa, y procurará hacer justicia siempre, aunque se hunda el mundo.

Por eso me alegré cuando dejo la fiscalía, y el caso de la participada, y pasó al Tribunal Constitucional. Era un lugar mejor para ella y mejor también para salvaguardar la estructura económica y social del país en aquel momento. Aunque espero que más adelante, cuando esta crisis haya pasado, los culpables puedan ser procesada, juzgados y condenados, y paguen por lo que han hecho.

Mientras tanto, lo que me gustaría es que Hortensia dejaste de trabajar tanto y empezase a buscar una pareja estable y formase una familia, ya que a sus padres le preocupa mucho este tema. Aunque yo soy el menos indicado para hablar. Llevo toda mi vida buscando una pareja adecuada. No di el paso cuando de joven me enamoré de una de las hermanas de Cayetano, fui un tonto y esa cualidad o defecto mío de pensar y repensar las cosas tanto tiempo me jugó una mala pasada y otro se me adelantó. Tampoco es que me arrepienta demasiado, no haber tenido una familia me ha permitido dedicarme al cien por cien a mi pasión, la política.

También he de decir que mi alegría no duró más de un año. El presidente del Tribunal Constitucional se ha deshecho de Hortensia y la ha mandado para el Congreso de los Diputados sin que yo me enterase de nada.

La manía de Hortensia de meterse en todo los charcos me tiene muy preocupado. El Congreso es el peor sitio para una ex fiscal entrometida que tiene la rara habilidad de encontrar la podredumbre se esconda donde se esconda.

No sé qué hace en el Congreso ni de quién ha sido la idea de llevarla a trabajar allí, espero poder averiguarlo antes de que vuelva a liarla. ¿Me acompañéis para saber qué está pasando? Podéis hacerlo a través de la novela.

 

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