Dodecaedro novela

Hortensia Salazar, una antigua fiscal sevillana que trabaja como asesora del Presidente del Congreso de los Diputados, es pasional, decidida, desenfadada y experta en técnicas de combate.  Tiene una complicada vida sentimental a sus espaldas y es adicta al trabajo y a los tacones.

En la España del momento, con la crisis económica, la prima de riesgo, el laberinto de la deuda, las tensiones territoriales y ETA en pleno proceso de paz, Hortensia se verá envuelta en una trama de corrupción política y económica cuyo alcance desconoce pero que amenaza con hacer saltar por los aires las estructuras del país. Será entonces cuando comprenderá el valor de su extraña y compleja familia y lo relativo que es el concepto de normalidad.

Entra en cada foto y conocerás mejor a los protagonistas

imagen de la protagonista: Hortensia SalazarMariana Loria, madre de Hortensia
María de las Angustias del Castillo. Abuela materna
Josefina de la Torre. Abuela materna
Salvador Loria

Baja para ver el extracto de algunos capítulos

El fino tacón metálico del zapato de Hortensia está clavado en el cuello de Luken y le ha partido la arteria carótida. La sangre mana de la herida a borbotones. El parlamentario está muerto y yace en el suelo con la pistola en la mano derecha.

En Twitter aparece la fotografía del cadáver de Luken Agiriano con la expresión de sorpresa y horror grabada en las pupilas sin vida y el tacón atravesándole la garganta. A la foto le acompaña el texto: «ETA rompe el alto el fuego atentando contra Hortensia Salazar, asesora del presidente del Congreso. La fiscal que llevó el caso de La Participada».

Un enjambre de millones de copias de la fotografía se extienden por la red y el modelo bomba de Loubuotin en piel negra, con suela roja y finísimo tacón de titanio, se convierte en el zapato más famoso del planeta.

Los noticiarios informan que la imagen procede del móvil de un periodista llamado Pedro Campos. En el último tuit que él ha escrito puede leerse: «El diputado Luken Agiriano es el que ha disparado y me parece que Hortensia Salazar está muerta».

En menos de una hora más de un centenar de vehículos repartidos por la geografía española se han puesto en camino hacia un único destino: la Hacienda del Castillo en el Aljarafe sevillano. A sus conductores les guía un único pensamiento: ajustar cuentas con los que han ordenado el asesinato de Hortensia Salazar.

El ministro acaba de llegar a su despacho del Ministerio de Defensa junto con su secretario cuando recibe la llamada de Adolfo Busquets, el presidente del Gobierno español.

[…]

—¡Calla y escúchame bien! —la voz de Adolfo se endurece y adquiere un tinte amenazante— Si nosotros no somos capaces de controlar lo que nos ha caído encima con este atentado, los Salazar emprenderán su propia guerra contra ETA. Saldrán de cacería y matarán a todos los terroristas que se les crucen por el camino hasta dar con los jefes de la organización.

La actividad es frenética en la productora Luces y Sombras encargada de elaborar los programas más importantes de la cadena de televisión 2+2TV. El atentado contra Hortensia Salazar ha alterado la programación normal de los sábados por la noche. Será sustituida por tres programas especiales.

[…]
—Según cuenta, no hemos tenido tiempo de confirmarlo, Hortensia estuvo a punto de matar a un hombre en un combate de boxeo tailandés. Al parecer ella se enfadó por algo y se le fue la mano. Le metió una paliza tan grande al tipo que no lo mató de milagro. Por lo visto el agredido también está dispuesto a hablar y contar el motivo por el que ella se enfadó tanto.
—De acuerdo, que vengan todos. Ya iremos viendo qué hay de cierto en lo que cuentan.
Va a comenzar la emisión del Especial Hortensia Salazar y a Osvaldo un pellizco en el estómago le recuerda que se está moviendo en el filo de la navaja.

Ese verano Hortensia acababa de abandonar la academia militar y se pasaba horas y horas practicando muay thai en la hacienda familiar. Estaba obsesionada con el boxeo tailandés, lo practicaba a todas horas y la familia empezaba a preocuparse.

—¡Estás loca, hija mía! Te harás daño.

Hortensia la miró con una sonrisa displicente en la cara. Ella supo que la amenaza del daño no la pararía y cambió de táctica.

—Además, duelen los ojos solo con mirarte. Ese mono de camuflaje tan feo y esos tacones de aguja… ¡Por Dios, estás horrible! Debería darte vergüenza.

—Mamá, no deberías ser tan esteta o voy a tener que darle la razón a mi abuela. Míralo como yo: si una mujer domina los tacones puede dominar el mundo… Eso al menos dice tu querida madre…

A Onésimo Salazar, conocido por amigos y enemigos como el Artillero, la noticia del disparo y desaparición de su nieta Hortensia le sorprende enfrascado en la misma tarea de todas las noches: organizar la documentación que ha ido atesorando a lo largo de la vida.

[…]

Han dado las doce del mediodía y desde el alba Onésimo no se ha movido del enorme portalón que da entrada al primer patio del edificio principal de la hacienda. Conserva, a pesar de sus más de ochenta años, la presencia imponente que le otorgan los dos metros de estatura y el porte marcial.

Lleva varias horas recibiendo a los miembros de la familia en la escalinata de entrada. Les da a la vez la bienvenida y las primeras órdenes. Como siempre que viene la familia, Onésimo ejerce un férreo control de la situación.

Los automóviles siguen llegando. Hombres y mujeres uniformados sacan grandes bultos de los maleteros, y los transportan al interior. La visión recuerda los preparativos de un desfile castrense. La mayoría de los militares pertenecen al Ejército de Tierra, pero también los hay de la Armada y del Ejército del Aire.

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